Epistolario de Don Pedro de Santacilia y Pax

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ENRIQUE-ARIAS, Andrés. Lengua y escritura en la Mallorca del siglo XVIII: el archivo epistolar de Cecilia Zaforteza

  • Lengua y escritura en la Mallorca del siglo XVIII: el archivo epistolar de Cecilia Zaforteza*

    Andrés Enrique-Arias

    UNIVERSITAT DE LES ILLES BALEARS

  • Introducción

    Un aspecto poco estudiado de la historia de las manifestaciones escritas del español es el de las variedades de contacto, es decir, las situaciones en las que el castellano ha convivido con otra lengua en una misma comunidad de habla. Por ejemplo, se ha prestado muy poca atención al castellano producido por catalanohablantes en Mallorca durante el proceso de castellanización de los registros escritos que se va dando progresivamente en la isla a lo largo del siglo XVIII y XIX. Los pocos trabajos que abordan la cuestión se limitan a estudiar aspectos externos (políticos, legislativos, demográficos, ideológicos) siendo más raro el que se analice directamente la lengua de los documentos. Y en los casos en que se analizan datos lingüísticos a partir de textos se hace más bien desde la perspectiva del catalán para estudiar la influencia del castellano sobre esa lengua. En conclusión es muy poco lo que sabemos a día de hoy sobre el castellano utilizado por catalanohablantes tal como se refleja en la documentación histórica.

    Una de las causas que explican la escasez de estudios históricos sobre la documentación en castellano producida en entornos bilingües es la falta de fuentes documentales útiles y fidedignas que sean de fácil acceso a los investigadores. Desde luego esta es la situación que encontramos a la hora de estudiar la historia del contacto entre el castellano y el catalán. Los avances recientes en lingüística de corpus en el ámbito del español con la creación de grandes bases de datos textuales, como el Corpus Diacrónico del Español (CORDE)1 o el Corpus del español,2 no han servido de mucho para el problema que nos ocupa: los corpus en cuestión incluyen una clasificación de los textos según procedan de España o América pero no discriminan la procedencia


    * Este trabajo se ha desarrollado en el marco del Proyecto de Investigación Creación de un corpus digital de documentos del Archivo de la Real Audiencia de Mallorca para integración en la red internacional CHARTA (AAEE0040/09) del Gobierno de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares, cofinanciado con fondos del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

    1 [http://www.rae.es].
    2 El Corpus del español es obra de Mark Davies y está financiado por la National Endowment for the Humanities (NEH) [http://www.corpusdelespanol.org].

  • geográfica de los autores de los textos producidos en la Península Ibérica, por lo que no es posible localizar los textos escritos por catalanohablantes.

    En todo caso, la práctica totalidad del material anterior a 1900 que aparece en los corpus citados son obras en las que apenas son distinguibles los efectos del contacto de lenguas por tratarse de registros en los que se suprimen de manera deliberada las características regionales y los elementos más próximos al vernáculo de los que escriben. Un corpus informatizado que sí permite la localización geográfica precisa de los textos que contiene es el de los Documentos españoles anteriores a 1700 (CODEA),3 pero en él se han excluido a propósito las zonas catalanohablantes, pues en ellas la documentación anterior al siglo XVIII raramente está redactada en castellano. Otra fuente posible de textos serían las antologías de literatura en castellano impresas en Mallorca,4 pero se trata de obras literarias escritas en un español convencional en los que no aparecen rasgos de transferencia del catalán, con el inconveniente añadido de no estar disponibles en formato electrónico. En resumidas cuentas, no existe un corpus adecuado para el estudio histórico de las variedades de español en contacto con el catalán.

    Con el objetivo de contribuir a remediar esta situación, el Grupo de Investigación que dirijo en la Universidad de las Islas Baleares lleva varios años desarrollando herramientas metodológicas diseñadas para poder estudiar la diacronía del castellano en Mallorca. Por un lado, se está llevando a cabo la edición en línea de una colección de documentos de los siglos XVIII y XIX depositados en el Archivo del Reino de Mallorca, Real Audiencia de Palma, con vistas a la creación de un corpus que se integrará en la Red Internacional Corpus Hispánico y Americano en la Red: Textos Antiguos (CHARTA).5 Al mismo tiempo, se está llevando a cabo la edición del archivo epistolar de la familia Zaforteza, una colección de cerca de 8.000 cartas en catalán y castellano escritas durante los siglos XVII y XVIII. Es precisamente el legajo número 6 de este archivo, el que recoge la correspondencia de Cecilia Zaforteza y Berga entre 1739 y 1789, el que empleo en las páginas que siguen para analizar aspectos del empleo del castellano en la correspondencia epistolar entre catalanohablantes mallorquines en el siglo xviii.


    3 P. Sánchez-Prieto Borja y otros, “Documentos españoles anteriores a 1700”, en A. Enrique-Arias (coord.), Diacronía de las lenguas iberorrománicas: nuevas aportaciones desde la lingüística de corpus, Madrid, 2009, pp. 25-38 [http://www.textoshispanicos.es].

    4 J. Garau Amengual, El primer siglo de la literatura castellana en Mallorca (1589-1688), Palma de Mallorca, 1990.

    5 Los documentos y recursos asociados están disponibles en [http.//www.corpusmallorca.es].

  • en las cartas con especial atención a los fenómenos de transferencia del catalán sobre el castellano.

    Contextualización: la extensión de la escritura en castellano en Mallorca

    El proceso de castellanización cultural y lingüística de Mallorca tiene sus antecedentes en la llegada a la Corona de Aragón de la dinastía castellanohablante de los Trastámara a principios del siglo XV y la posterior unión dinástica de Castilla y Aragón unas décadas después. La influencia castellana en los territorios de habla catalana no hace sino aumentar en el siglo XVI motivada por la primacía política, económica y cultural de Castilla sobre los demás reinos peninsulares. Como resultado de todo ello parece ser que hacia finales del siglo XVI las clases urbanas mallorquinas con cierto nivel de instrucción ya tenían, como mínimo, competencia pasiva en castellano, como ponen de manifiesto numerosas noticias de impresión de libros y celebración de sermones, poesía de circunstancias y representaciones de teatro en esa lengua.6 Ahora bien, aunque en los territorios de habla catalana la producción literaria en lengua vernácula prácticamente desaparece en favor de la producida en castellano, el catalán seguía siendo empleado como lengua de la administración en Mallorca.

    El proceso de sustitución lingüística del catalán para la mayoría de los usos escritos se intensificó durante el siglo XVIII propiciado por los cambios políticos, socioeconómicos y culturales que marcan el gobierno borbónico desde Felipe V a Carlos IV. Los nuevos valores de racionalización, pragmatismo, ilustración y fuerte poder central que caracterizan esta época (en gran medida a imagen y semejanza de lo practicado en Francia) derivan en un deseo de homogeneización del aparato administrativo de los diferentes reinos peninsulares y por ende la supresión del empleo de lenguas distintas al castellano en la administración. Esta actitud, sin precedentes durante el reinado de los Austrias, pone en marcha varias iniciativas legales para sustituir al catalán en los ámbitos administrativos, educativos y comerciales.7

    En cualquier caso hay que tener presente que tales medidas legales de por sí no hubieran tenido tanto alcance a la hora de extender el uso del castellano en los escritos del ámbito privado si no hubiera sido por la actitud receptiva hacia la adopción de la nueva lengua de la mayor parte de los nobles y burgueses mallorquines. Es bien sabido que entre los intelectuales ilustrados y reformistas predominaba la identificación de la extensión del castellano con la modernidad mientras que el mantenimiento de las lenguas vernáculas se asociaba con posiciones tradicionalistas opuestas al progreso.8 Una de las consecuencias de los cambios que se van produciendo durante esta época es que, cada vez más, el desconocimiento del castellano se consideraría como propio de campesinos y pescadores pobres e incultos. Por contra el dominio del castellano sería, en la conciencia subjetiva, algo prestigioso, y a niveles más prácticos,


    6 J. Garau Amengual, El primer siglo...
    7 F. Moreno Fernández, Historia social de las lenguas de España, Barcelona, 2005, pp. 168-169.
    8 F. González Ollé, “Identidad idiomática y política lingüística: “«Allá van lenguas do quieren

  • reyes»”, en J. Elvira (coord), Lenguas, reinos y dialectos en la Edad Media ibérica: la construcción de la identidad, Homenaje a Juan Ramón Lodares, Madrid, Frankfurt, Vervuert, 2008, pp. 534-536.

    una cualidad indispensable para el progreso social. Precisamente, a finales del XVIII y durante todo el siglo XIX prolifera la publicación de gramáticas destinadas a la enseñanza del castellano diseñadas específicamente para corregir los errores de los catalanohablantes.9

    Según Fernando González Ollé, en la España de principios del XIX, probablemente más del 80% de la población conocía y usaba el español.10 No obstante, por su característica de territorio insular alejado de los grandes centros de poder, la castellanización de Mallorca iba un paso por detrás de la de otros territorios catalanohablantes. Si bien el catalán ha continuado siendo en Mallorca la lengua familiar hasta el día de hoy, el estudio de la documentación histórica nos permite deducir que a partir de las últimas décadas del siglo XVIII ya hay un sector de la población catalanohablante que emplea el castellano como lengua habitual para usos escriturarios y para comunicarse oralmente con los castellanohablantes residentes o visitantes en la isla.

    Un factor que, sin duda, fue crucial para posibilitar la extensión del castellano escrito en Mallorca es su consolidación como única lengua de instrucción. La Real Cédula de 1768 establece en su artículo 8 “que la enseñanza de primeras letras, latinidad y retórica se hagan en lengua castellana”. Como es de esperar la introducción del castellano en la escuela se produce primero entre las clases altas y después entre las clases populares. Es interesante señalar que el uso del castellano en la instrucción comenzó primero como apoyo a la enseñanza del latín, pues se adoptan cartillas en esa lengua, para más tarde pasar a la enseñanza de la lectoescritura. La enseñanza exclusiva en castellano y el abandono de la enseñanza en catalán es un hecho consumado en las primeras décadas del siglo XIX, de tal modo que a partir de 1830 aproximadamente “alfabetización” es sinónimo de “castellanización”.11

    No obstante, hay que tener en cuenta que en la Mallorca de los siglos XVIII y buena parte del XIX el analfabetismo es la norma y que el grueso de la población es analfabeta y monolingüe en catalán. Los datos más antiguos con los que contamos sobre población alfabetizada son del siglo XIX. Del análisis de las Noticias estadísticas de la instrucción primaria de estas islas correspondientes al año 1835 Martínez i Taberner deduce una tasa de analfabetismo del 92% en los hombres y el 99% en las mujeres.12 Tenemos también datos algo posteriores compilados por el archiduque Luis Salvador según los cuales para el año 1860 la tasa de analfabetismo era del 78% en hombres y del 92% en mujeres.13 Ante estos datos resulta evidente que el empleo de la escritura en Mallorca a finales del XVIII era un hecho muy minoritario y que las clases bajas


    9 J. Solà, “Tractats de catalanismes”, en E. Alarcos Llorach y otros (eds.), Miscel·lània Aramon i Serra: estudis de llengua i literatura catalanes oferts a Ramon Aramon i Serra en el seu setantè aniversari, Barcelona, 1993, II, 2, pp. 559-582.
    10 F. González Ollé, “Tradicionalistas y progresistas ante la diversidad idiomática de España”, en M. F. de Abreu y otros, Lenguas de España, Lenguas de Europa, Madrid, 1994, p. 135.
    11 C. Martínez i Taberner, La llengua catalan a Mallorca al segle XVIII i primer terç del XIX, Barcelona, Palma, 2000, pp. 97-99.
    12 Ibidem, p. 94.
    13 Archiduque Luis Salvador de Austria, Las Baleares por la palabra y el grabado, Palma de Mallorca 1985, pp. 328-29. La primera edición se realizó en Leipzig en 1871.

  • urbanas, la población rural y las mujeres estaban prácticamente excluidas del acceso a la misma.

    Como es natural, la introducción del castellano para diferentes usos escritos no se produce al unísono, sino que avanza más rápido en unos que en otros. A continuación hacemos un repaso del empleo del castellano para diversos usos en la Mallorca del siglo XVIII y principios del XIX, distinguiendo entre los contextos propios del ámbito público y del privado.


    ÁMBITO PÚBLICO

    En lo que se refiere a la administración de justicia, el artículo 4 del Decreto de Nueva Planta dice que “las causas en la Real Audiencia se substanciarán en lengua castellana”. A partir de la proclamación del Decreto de Nueva Planta de Mallorca e Ibiza el 28 de noviembre de 1715 se produce un cambio de lengua automático para los documentos que provienen de la misma Audiencia. No así para los documentos emitidos en pueblos, libros de gremios o anotaciones de uso interno donde la mezcla de castellano, catalán e incluso latín tiene cierta presencia hasta mediados del siglo.

    En nuestras investigaciones a partir de 15 expedientes conservados en el Archivo del Reino de Mallorca, pertenecientes a la Real Audiencia de Palma y fechados entre 1773 y 1823, encontramos que todos ellos están redactados exclusivamente en caste-llano, tanto los emitidos en la Audiencia misma como los procedentes de pueblos de la isla.14 En la práctica, la redacción de muchos de estos documentos suponía un ejercicio de traducción, pues encontramos con bastante frecuencia, tras la declaración de los testigos, fórmulas del tipo: “haviendole leida esta su declaración en lengua del pays dixo que estava bien escrita y se afirma y retifica a ella y no la firmo por no saber”.15

    Algo más tardía es la introducción del castellano en el ámbito administrativo municipal. Su uso es impulsado decisivamente por la Real Cédula de 1768 que obliga a utilizar el castellano exclusivamente para estas funciones. Así pues los documentos oficiales de mayor importancia, como las actas de los plenos municipales, pasan a redactarse en castellano. No obstante, Martínez i Taberner señala la existencia de borradores de actas en catalán, lo cual apunta a que las deliberaciones se hacían en la lengua local y más tarde se traducían las actas al castellano para su versión definitiva.16 Asimismo, otros documentos de menor importancia, como los concursos públicos para concesión de contratos diversos, se continúan redactando en catalán.


    14 Archivo del Reino de Mallorca (ARM), Real Audiencia de Palma. Las signaturas de las carpetas en cuestión, seguidas del año de composición, son las siguientes: XX/1834 (1773), XV/1941 (1773), XXXVI/24 (1773), XXXVI/35 (1773), IX-265 (1775), 950/13 (1778), 958/14 (1800), 955/13 (1800), 979/14 (1803), XVIII/1741 (1804), XVIII-1743 (1804), XVIII-1745 (1804), 970/18 (1812), 974/10 (1833) y 974/5 (1833).

    15 ARM, sig. AA XVIII -1745, fols. 2r-3v. Declaración de Bartolomé Garau como testigo del asalto de unos ladrones a una casa, 5 de agosto de 1804.

    16 C. Martínez i Taberner, La llengua catalana..., pp. 186 y siguientes.

  • Durante esta época también la jerarquía eclesiástica impulsa el uso del castellano en el desempeño de las actividades de la Iglesia en Mallorca.17 Durante el obispado de Francisco Garrido de la Vega (1763-1772) se impone la redacción de las actas de la curia en castellano así como el cambio de idioma en los libros parroquiales, no sin la oposición de parte del clero. Su sucesor, Juan Díaz de la Guerra (1772-1777) continúa una política similar al prohibir la predicación en catalán en la Catedral y en las iglesias de Palma, lo cual suscita las protestas de los canónigos. Es diferente la situación del clero bajo como pone de manifiesto el análisis de correspondencia y libros de administración de algunos monasterios que lleva a cabo Martínez i Taberner.18 Con la excepción del convento de los jesuitas de Palma, quienes adoptan el castellano más tempranamente, continúa el uso del catalán hasta la década de 1820, es decir las iniciativas de los obispos no afectan a la vida cotidiana del clero bajo.

    Por último, cabe destacar los usos notariales por ser el ámbito en el que el catalán se mantiene por más tiempo. Siguiendo una tradición hondamente arraigada en el ámbito catalanohablante el catalán continúa vigente en la redacción de testamentos hasta los años 1840-1850.19


    ÁMBITO PRIVADO

    Martínez i Taberner señala que en la administración económica de tipo familiar las facturas, libros de contabilidad, contratos de arrendamiento agrario, etc., continúan en catalán hasta aproximadamente 1840.20 Por el contrario, en la administración de grandes comercios la introducción del castellano es mucho más temprana. Por ejemplo, en los libros de la familia Mercel se emplea el catalán en exclusiva hasta 1760, y después de una década de uso de las dos lenguas se emplea solo castellano a partir de 1770. Posiblemente influye una Real Cédula de 1772 que ordena que los “mercaderes y comerciantes de por mayor y menor, naturales y extrangeros, observen la Ley del Reino y previene lleven sus libros de contabilidad en idioma castellano”.21

    Asistimos, por tanto, en la Mallorca del XVIII y comienzos del XIX a una época de sustitución lingüística de la escritura en catalán, con una serie de ámbitos en los que se da una castellanización más temprana (administración de justicia, contabilidad de grandes comercios, administración municipal, libros parroquiales de las iglesias de Palma, educación de clases altas urbanas) y otros donde la sustitución es más tardía (educación rural y de clases bajas, administración económica familiar, correspondencia y libros de contabilidad de monasterios, documentos notariales, etc.). Globalmente vemos que la adopción del castellano es más temprana allá donde se da la intervención directa de las autoridades civiles y eclesiásticas o en los ámbitos dominados por las clases ilustradas urbanas, que son los que tienen mayor posibilidad de


    17 P. J. Llabrés i Martorell, “Història de l’ús de la llengua catalana en l’església de Mallorca”, en II Congrés Llengua catalana, VIII: àrea 7, Valencia, 1989, pp. 559-578.

    18 C. Martínez i Taberner: La llengua catalana..., p. 185.

    19 Ibidem, p. 186.

    20 Ibidem, p. 187.

    21 F. Ferrer i Gironés, La persecució política de la llengua catalana, Barcelona, 1985, p. 52.

  • acceso a la educación y una actitud más abierta a la adopción de nuevas costumbres. Por ello, no es de extrañar que la correspondencia privada, un medio de comunicación restringido a las capas más altas de la sociedad, que son las que dominan la escritura, sea precisamente un ámbito con tendencia temprana a la castellanización. En el epistolario de la familia Torrella, investigado por Cristina Martínez y Taberner, no hay cartas en catalán escritas entre nobles varones a partir de la década de 1770. Hay, de hecho, algunas indicaciones claras del estatus prestigioso que ya ha adquirido el castellano en la segunda mitad del XVIII, como es el caso de dos señores que se escriben en castellano para concertar el envío de una cantidad de dinero a Barcelona, pero cuando uno de ellos se dirige al capitán del barco para darle instrucciones lo hace en catalán. Quiere ello decir que en 1780 personas de estatus social alto que saben escribir en catalán prefieren intercambiar correspondencia en castellano y reservan el catalán para dirigirse a subalternos.

    Con el objeto de analizar con mayor detalle la extensión del uso del castellano a expensas del catalán que se produce en las cartas privadas de los nobles mallorquines en la segunda mitad del XVIII paso a analizar en las páginas que siguen el epistolario de Cecilia Zaforteza.

    Castellano y catalán en el epistolario de Cecilia Zaforteza


    CONTENIDOS

    El legajo 6 del archivo epistolar de la familia Zaforteza contiene la correspondencia de Cecilia Zaforteza y Berga (1722-1789), marquesa viuda de Villafranca.22 Nacida en Palma en 1722, Cecilia Zaforteza se casó en 1739 con Francisco Sureda de San Martí, marqués de Villafranca. En 1748 fallece su marido, quedando viuda sin hijos. Al morir su primo, Gabriel de Berga, sin descendencia en 1756 hereda numerosas fincas, censos y casas por toda Mallorca. Una vez propietaria de los bienes no se limita a mantener sus propiedades, sino que se preocupa de mejorar su rendimiento renegociando y renovando los arrendamientos. Por iniciativa suya se terminan las obras de la casa solariega de los Berga en Palma (Can Berga des Mercat), y entre 1762 y 1770 construye Son Berga Nou en Establiments. Es, además, una mujer de gran sensibilidad por todo lo relacionado con las actividades artísticas. Cuando era marquesa de Villafranca patrocinó una capilla en la iglesia parroquial con un gran lienzo de Guillem Mesquida titulado El concierto de Santa Cecilia (ca. 1746). Otro de sus pintores favoritos es Cristóbal Vilella, a quien encarga los cuadros de la capilla de la Sagrada Familia de la Iglesia de Establiments, así como la decoración de una carroza. Asimismo, el conjunto arquitectónico y los jardines de Son Berga Nou, construidos bajo su supervisión, son considerados una de las obras más logradas de la arquitectura barroca en Mallorca. También realiza numerosas obras de beneficencia, como el patrocinio a partir de 1777 del Colegio de Huérfanas conocido como “Las Miñonas”,


    22 Para una descripción detallada del epistolario véase A. Enrique-Arias, “Materiales para la historia del castellano hablado en Mallorca: el archivo epistolar de Pedro de Santacilia”, en C. Sinner y A. Wesch (eds.), El castellano en las tierras de habla catalana, Madrid-Frankfurt, Vervuert, 2008, pp. 219-232.

  • donde las niñas recibían clases de labores y eran después destinadas a servir en las casas pudientes de la isla. Cecilia Zaforteza murió en Palma el 25 de abril de 1789.

    Los documentos contenidos en el epistolario abarcan un amplio arco cronológico, con documentos fechados desde 1739, cuando Cecilia Zaforteza apenas tenía 17 años, hasta poco antes de su muerte en 1789, a la edad de 67 años; es decir, este legajo documenta cinco décadas de la vida de una noble mallorquina en la segunda mitad del siglo

    XVIII. La documentación tiene una variada tipología, pero con predominio de cartas personales y familiares, además de un pequeño número de cartas oficiales y de negocios. También es de destacar la variedad de intervinientes, con un total de 113 manos que incluyen nobles, eclesiásticos y criados, tanto hombres como mujeres. En algunos casos, incluso, contamos con borradores de respuestas escritos en el dorso de las cartas con lo que podemos reconstruir, al menos en parte, la interacción entre los escribientes.

    En una minoría de documentos la fecha, el destinatario o la autoría de las cartas no consta explícitamente; ello obliga a reconstruir la información a partir de fuentes indirectas o el contenido de otros documentos relacionados, lo cual no siempre es posible. En lo que concierne a la calidad del soporte material de los documentos del epistolario, la mayoría de las cartas se han conservado en un estado bastante aceptable, si bien algunas han sido dañadas por la humedad o la corrosión de la tinta, haciendo ilegibles algunos fragmentos.

    Un aspecto reflejado nítidamente en este epistolario es la extensión del uso del castellano a expensas del catalán que se produce en las cartas privadas de los nobles mallorquines en la segunda mitad del XVIII. Para este cálculo consideramos solamente a los 89 escribientes mallorquines, pues son los que tienen posibilidad de escoger lengua (excluimos a los castellanohablantes monolingües). En la tabla I aparecen el porcentaje de manos que escribe en una u otra lengua.


    1739-1749
    33% (8,5/26)
    1750-1759
    50% (4/8)
    1760-1769
    50% (2/4)
    1770-1779
    53% (17,5/33)
    1780-1788
    63% (17,5/28)

    Tabla I. Porcentaje de mallorquines que escriben en castellano en cada década. Elaboración propia.


    En la primera década documentada en este legajo (1739-1749) un 33% de las ma-nos que intervienen redactan en castellano, mientras que en la última década (17801788) el porcentaje aumenta a un 63%. Hay que tener en cuenta que a lo largo del tiempo va cambiando el perfil de los que se corresponden con Cecilia Zaforteza. Por ejemplo, en las primeras décadas predominan las cartas de los hermanos y padres, y más adelante, al ir cambiando de estatus y pasar a ser señora de un amplio patrimonio e involucrarse en actividades de beneficencia, hay más cartas de asunto oficial.


  • LENGUA USADA SEGÚN RELACIÓN CON EL DESTINATARIO

    La tabla siguiente muestra el uso de la lengua según la relación con el destinatario considerando solamente a los escribientes mallorquines:

    Familia directa (padres y hermanos) 100% (4/4)
    Subordinados (administradores, patrones de barco, etc.) 69% (9/13)
    Religiosos 56% (13,5/24)
    Amigas 45% (4,5/10)
    Sobrinos 36% (6,5/18)
    Otros 31% (6/19)

    Tabla II. Porcentaje de uso del catalán según relación con el destinatario.
    Elaboración propia.


    Los datos de la tabla permiten apreciar nítidamente un relevo generacional: las cartas que Cecilia Zaforteza recibe de sus padres y hermanos están siempre redactadas en catalán, mientras que solo un 36% de sus sobrinos se dirige a ella en esa lengua.

    Las 89 manos que hemos clasificado como catalanohablantes emplean por regla general una única lengua; tan solamente 4 usan las dos lenguas en su correspondencia, sin que exista siempre un motivo evidente que explique la opción empleada en cada situación. Tal es el caso del sacerdote Jaime Terrassa, quien escribe desde el pueblo de Muro y utiliza indistintamente las dos lenguas intercalando 3 cartas en catalán entre otras 7 en castellano. Así pues, el 20 de mayo de 1779 se dirige en catalán a la señora Zaforteza para pedirle prestados diversos adornos y mobiliarios para engalanar la rectoría con motivo de la visita del obispo. Y, sin embargo, pocos días después escribe de nuevo, esta vez en castellano, para añadir al encargo una cortina de damasco que había olvidado incluir en la petición anterior. Algo semejante podemos decir de la condesa de Centellas, amiga de Cecilia Zaforteza, quien el 10 de febrero de 1742 escribe en castellano desde Barcelona para dar noticia de la muerte de su padre, y años más tarde, en una carta fechada el 22 de septiembre de 1748, vuelve a escribir desde Barcelona, esta vez en catalán, para dar el pésame a Cecilia Zaforteza por la muerte de su marido. Podemos especular que el empleo del castellano en la primera carta tiene que ver con el hecho de ser un escrito meramente informativo, que seguramente se habrá copiado de un modelo por haberse redactado múltiples cartas para difundir la noticia:

    “Amiga y Sra. Mia el dia 23 pasado fue Nuestro Sr. servido llevarse para si lalma de mi Padre y Sr. el Sr. Conde de Centellas y no dudando que VS me acompañara en el sentimiento de perdida tan grande ruego a VS le tenga presente en sus fervorosas oraciones, y que exercite VS mi obediencia en quanto sea del mayor agrado de VS cuya vida ruego a Nuestro Sr. guarde los diletados anos que puede, y desseo.”23


    23 ARM, Real Audiencia de Palma, Archivo epistolar de Pedro de Santacilia, doc. 28. Carta de la

  • Por el contrario, la segunda carta es más personal, con expresiones de cariño y amistad para consolar a Doña Cecilia en su pérdida:

    “Amiga querida y Sra mia: la carta que rebo de V. Sa. me deja contristada per la malencolica noticia que V.Sa. se serveix participarme de la mort del Sr. Dn. Francesch marit de V.Sa. que Santa Gloria goze lo que certament se pot creurer de la sua cristiana vida, y considerant lo gran dolor y desconsuelo de V. Sa. en esta ocasió, la aconpaño en est sentiment ab las majors veras de ma verdadera lley, y amistat, pregant á V.S. se anime, y cuide molt de la sua salut, y que admetia V.Sa. un abras que donara á V.Sa. de ma part Ma. Pona. [...] V.Sa. pot quedar serta de mon inmutable afecta y que en tots tems fare lo major apresio de tenir repetidas ocasions de servir, y conplaurer á V.Sa. mentres quedo pregant a Deu guarde á V.Sa. molts anys com desitjo y he menester.”24

    También en los borradores redactados por la misma Cecilia Zaforteza encontramos uso de las dos lenguas, pero con preponderancia del castellano (son 15 escritos en castellano frente a solo 4 en catalán). Es interesante comparar aquellos casos en los que un mismo asunto es tratado en las dos lenguas, como en los fragmentos que transcribo a continuación, donde la señora Zaforteza da cuenta de la muerte de su esposo:

    “[…] ab lo coreu pessat no vatx tenir hanima de ascriurer á V.M. de ma propia per trobarme hocupedissima, y ab la aflicsió que pot V.S. pensar, y no gens bone de una carrega a nel pit bestant forte.”25

    “poniendo quatro palabras solamente de mi puño pues no me pude alargar mas por estar ocupadisima, traspassada del vehemente dolor que corresponde a tal desgracia, y nada buena, por tener un resfriado muy fuerte.”26

    Es evidente que la autora tiene más proximidad con la persona a la que escribe en catalán, mientras que la carta en castellano tiene un tono más oficial y distante. Para describir su pena tenemos en la versión catalana “y ab la aflicsió que pot V.S. pensar”, donde en cierto modo se busca complicidad con el que recibe la carta frente a la versión castellana, donde la mayor complejidad lingüística y la adopción de una


    condesa de Centellas a Cecilia Zaforteza. Barcelona, 10 de febrero de 1742. Los ejemplos del epistolario han sido transcritos de forma paleográfica sin normalización de grafías, mayúsculas ni puntuación y con las abreviaturas desarrolladas en cursiva.

    24 Archivo epistolar de la familia Zaforteza (AEFZ), leg. 6, doc. 37, Carta de la condesa de Centellas a Cecilia Zaforteza, Barcelona, 22 de septiembre de 1748.

    25 AEFZ, leg. 6, doc. 41, Borrador de una carta de Cecilia Zaforteza a un destinatario desconocido, Palma de Mallorca, sin fecha, 1748.

    26 AEFZ, leg. 6, doc. 228, Carta de Cecilia Zaforteza a un sobrino, Palma de Mallorca, 29 de octubre de 1748.

  • perspectiva más objetiva resulta en mayor distancia con el destinatario: “traspassada del vehemente dolor que corresponde a tal desgracia”.

    De lo anterior podemos concluir que, al menos en algunos de los que escriben, el catalán se prefiere para asuntos más personales e íntimos y el castellano es más neutro. En cualquier caso, el empleo de las dos lenguas pone de manifiesto que en el siglo XVIII personas que saben escribir en catalán y tienen este como su lengua materna prefieren, en ocasiones, escribir cartas privadas en castellano a otros catalanohablantes. Desde luego, no podemos atribuir esta conducta a la legislación que rige el uso del castellano en el ámbito público, sino más bien a una actitud de adopción del castellano como lengua asociada a toda una serie de valores prestigiosos: modernidad, progreso social, poder político y económico, etc.


    LENGUA USADA SEGÚN SEXO DEL EMISOR

    El porcentaje de uso del castellano entre los catalanohablantes que intervienen en el epistolario es algo mayor en los hombres, con un 50% (34/68) que en las mujeres, donde tenemos un 43% (9/21). Los datos parecen indicar un mayor mantenimiento del catalán en correspondencia de mujer a mujer. Ya hemos comentado que en el epistolario de la familia Torrella los nobles (varones) siempre se escriben entre sí en castellano a partir de 1770. Las fechas que cubren este epistolario son algo anteriores, pero en cualquier caso el uso del catalán entre la amigas de Cecilia Zaforteza, todas nobles, es apreciable con un 45% (4,5/10). De los sobrinos 11 escriben en castellano, uno en catalán y otro en ambas lenguas, mientras que de las cuatro sobrinas mujeres, las tres que escriben desde Mallorca lo hacen en catalán y solo una que escribe desde Valencia usa el castellano. A la hora de explicar el mayor uso del catalán por parte de las mujeres hay que considerar varios factores. En primer lugar, numerosos estudios que emplean la metodología sociolingüística coinciden en proponer que el habla femenina es más conservadora.27 Este mayor apego a la tradición podría explicar su menor grado de adopción del castellano, en tanto que código innovador. No obstante, los mismos estudios proponen que en las culturas occidentales las mujeres usan con mayor frecuencia relativa las variables de mayor prestigio, lo cual en el caso que nos ocupa se correspondería con más uso del castellano. En segundo lugar, los temas tratados en la correspondencia entre mujeres giran más en torno a lo personal y apenas hay cartas de contenido oficial, lo cual también explicaría una mayor preferencia por el catalán. Por último, podemos considerar que, por tener comparativamente menos acceso a la instrucción, es posible que las mujeres tengan menor dominio del castellano y se sientan más cómodas escribiendo en catalán.


    LENGUA USADA SEGÚN LUGAR DE EMISIÓN

    Por último, también es relevante considerar el lugar de emisión de las cartas. Los resultados del análisis de este parámetro se resumen en la tabla:


    27 C. Silva-Corvalán, Sociolingüística y pragmática del español, Washington, 2001, pp. 97-99.

  • Mallorca rural 68% (19/28)
    Cataluña y Valencia 60% (13/22)
    Palma 40% (12/30)
    Territorio castellanohablante 27% (3/11)
    Extranjero 20% (2/10)


    Tabla III. Porcentaje de uso del catalán según lugar de emisión de la carta. Elaboración propia.

    Como es de esperar, las cartas fechadas en la Mallorca rural son las que presentan mayor empleo del catalán, pues la influencia castellana es más acusada en el entorno urbano. También cabe destacar que son los mallorquines los que escriben desde territorios castellanohablantes o desde el extranjero los que presentan menor grado de lealtad a la lengua ancestral.

    La lengua de las cartas

    Pasamos, por último, a analizar algunos aspectos representativos de la lengua reflejada en las cartas.


    VERNACULARISMO

    Numerosas investigaciones han puesto de manifiesto que, por estar frecuentemente escritas en un tono familiar e íntimo, las cartas personales, incluso las de épocas más antiguas, tienden a tener más similitud con los registros orales que textos de otras tipologías.28 Las cartas del epistolario contienen, a menudo, rasgos del habla coloquial espontánea, que permiten vislumbrar la variedad hablada en los usos cotidianos. Por ejemplo, encontramos elementos típicos del discurso oral, como el pronombre pleonástico “me” en “espero en la beninidad de V.S. me quiera favoreser a mi suplica”,29 o el uso del imperfecto en la prótasis de una oración condicional: “si yo no tenia tantas cartas que aser todos los coreos escriviria a todas”.30 La proximidad relativa de la carta al discurso oral queda reflejada en el comentario de un jesuita amigo de Cecilia Zaforteza, que se refiere a la carta que escribe como “esta mi conversasion escrita”.31

    Otro elemento característico del discurso más vernáculo en entornos bilingües es el intercambio de códigos. En situaciones formales los bilingües evitan la mezcla de códigos, mientras que en situaciones informales es más habitual que se mezclen las dos lenguas. Tenemos, por ejemplo, en un borrador de Cecilia Zaforteza el empleo de una frase hecha mallorquina insertada en un texto castellano con el objeto de dar


    28 D. Biber, Dimensions of register variation: A cross-linguistic comparison, Cambridge, 1995, pp. 283-300.

    29 AEFZ, leg. 6, doc. 31, Carta de Maria Eularia Mulet a Cecilia Zaforteza, Barcelona, 8 de septiembre de 1748.

    30 AEFZ, leg. 6, doc. 18, Carta de J. Maria Clariana y Montaner a Cecilia Zaforteza, Barcelona, 10 de [¿febrero?] de 1742.

    31 AEFZ, leg. 6, doc. 182, Carta de Juan Fabrer a Cecilia Zaforteza, Rávena, 8 de junio de 1783.

  • viveza y expresividad a lo que se está exponiendo: “lo que importa es no fiar de nadie ni omitir passo ni perder tiempo perque es confiats van Infern, y cuydar se despatche dentro el termino que se á señalado”.32 El empleo del catalán para mostrar proximidad afectiva queda ejemplificado por la carta de un jesuita exiliado en Rávena, quien en una carta en la que expresa su nostalgia termina con la siguiente despedida: “que Dios guarde á todos como se lo ruego de tot mon cor”.33


    CONVENCIONALISMOS

    Si bien, como acabamos de ver, las cartas dejan entrever rasgos del vernáculo de los hablantes, lo cierto es que los documentos escritos no reflejan directamente la lengua de las interacciones orales espontáneas, ya que esta aparece filtrada por las convenciones de la escritura. A modo de ilustración vemos que, a pesar de que los mallorquines ensordecen /d/ en final absoluto de palabra dando lugar a una pronunciación /t/ en palabras como “Madrid” o “verdad”, en los documentos del epistolario solamente aparecen tres casos de grafía con “-t”: “salut” (dos veces) y “amistat”. La escasa manifestación del fenómeno no ha de sorprender, ya que las convenciones gráficas del castellano excluyen el uso de la grafía “t” en esta posición, con lo que solo encontraremos casos aislados por despiste o por conocimiento precario de las convenciones gráficas.

    De modo semejante, las opciones lingüísticas de los que escriben un documento se ven constreñidas por las convenciones que definen la tipología textual del documento en cuestión. En el caso de las cartas no solo las fórmulas empleadas en las salutaciones y las despedidas, sino también la estructuración del discurso, el léxico o la sintaxis pueden estar fuertemente sujetos a usos preestablecidos. Por ejemplo, en el epistolario hay varias cartas de pésame recibidas por Cecilia Zaforteza con motivo del fallecimiento de su esposo en las que autores diferentes emplean una estructura prácticamente idéntica y la repetición de fórmulas muy semejantes como “dolorosa noticia” “justo y natural pesar”, “son disposiciones del Altísimo”, “no puedo dejar de tener su alma muy presente”, etc.

    También vale la pena señalar la presencia en el epistolario de rasgos que responden a la imitación de usos prestigiosos del centro de la Península a través de la lectura y la instrucción. Solo de esta manera se pueden explicar los ejemplos de laísmo en el epistolario (“la rindo humildes gracias”,34 “la doy repetidas norabuenas y parabienes”,35 “y lo mismo la pido execute con las Madres de Sta. Theresa”).36 El laísmo, que era de buen tono en el XVIII, es una estructura extraña al castellano del oriente peninsular y tampoco existe en catalán.


    32 AEFZ, leg. 6, doc. 187, Carta de Cecilia Zaforteza a Bernardo Nadal, Palma de Mallorca, 4 de marzo de 1785.

    33 AEFZ, leg. 6, doc. 182, Carta de Juan Fabrer a Cecilia Zaforteza, Rávena, 8 de junio de 1783.

    34 AEFZ, leg. 6, doc. 124, Carta de Pedro Thomás Cifre a Cecilia Zaforteza, Palma de Mallorca, 26 de abril de 1776.

    35 Ibidem.

    36 AEFZ, leg. 6, doc. 150, Carta de Margarita Manrique a Cecilia Zaforteza, Son Vic (Mallorca), 10 de enero de 1780.


  • TRANSFERENCIA DEL CATALÁN

    Uno de los rasgos más evidentes de la lengua del epistolario es el de los fenómenos de transferencia del catalán.37 A nivel fonético destaca la tendencia a pronunciar como /s/ el sonido /θ/ del castellano que no existe en catalán. Los indicios de no distinción de /s/ y /θ/ aparecen por doquier en los documentos escritos por mallorquines de todas las capas sociales representadas (“como adecer [ha de ser] Amiga mia son disposisiones del Altisimo y es presiso conformarnos con ellas”).38 Otro fenómeno registrado, aunque con mucha menos frecuencia, es la confusión entre /k/ y /x/ del castellano por no existir este último sonido en catalán: “sajaria” (sacaría) aparece dos veces en un documento del ayuntamiento de Buñola. La propia Cecilia Zaforteza escribe “calon” (Jalón) en una nota informal a un sobrino y encontramos “quenio” (genio) en un borrador de una carta. También encontramos el fenómeno en un escrito de una mujer que se dirige a Cecilia Zaforteza para pedir limosna:

    “[...] a los pies de V.Sª suplicandole de una caridad aliandose toda desnuda y con sus ycos [«hijos»] lo qual no puede salir de Casa para ir a la misa de tan indicente que se alla e sin tener travaco [«trabajo»].”39

    Evidentemente, el fenómeno está mucho más extendido entre los individuos que tienen menos hábito de escribir en castellano, como pueden ser los del medio rural. En un solo párrafo de un escrito redactado en el pueblo de Bañalbufar, como parte de las diligencias de una denuncia por difamación, encontramos tantos ejemplos como en todo el epistolario:

    “Que un dia estando en su casa se encont[r]ava Pedro Antoni Mayol hico [«hijo»] de Juan natural de la Villa de Sóller y Jayme Ramon Picornell hico [«hijo»] de Lorenso y dicho Pedro Antonio Mayol me preguntó dicho Jayme Ramon si era cosa mía y respondió que sí y dicho [«dijo»] al dicho Mayol que la quente [«gente»] de Son Buñola no venía de muy buena quente [«gente»] o sepa, y le dico [«dijo»] que esso no se dessía y al dicho Mayol respondió que esso se nesessitaba de saber algunas veses.”40

    El epistolario documenta, además, muchos otros fenómenos fonéticos por influencia del catalán de Mallorca, como rotacismo de /d/ intervocálica en formas del

    37 Para una discusión detallada de los fenómenos de transferencia del catalán en la documentación del siglo XVIII véase A. Enrique-Arias, “Materiales para la historia...”, “On Language Contact as an Inhibitor of Language Change: the Spanish of Catalan Bilinguals in Majorca”, en A. Breitbarth y otros (eds.), Continuity and Change in Grammar, Ámsterdam; Filadelfia, 2010, pp. 97-118.


    38 AEFZ, leg. 6, doc. 173, Carta de Margarita Manrique a Cecilia Zaforteza, Barcelona, 25 de noviembre de 1780.

    39 AEFZ, leg. 6, doc. 207, Carta de Ana Francisca Ghezzi a Cecilia Zaforteza (no consta lugar ni fecha).

    40 ARM, sig. AA 979/14, fol. 23v., Querella por injurias de Antonio Barceló contra Pedro Antonio Mayol, 9 de julio de 1803.

  • verbo “poder”: “poria” (podía); confluencia de /a/ y /e/ átonas: “estimeremos” (estimaremos), “diletados” (dilatados), “entesesores” (antecesores), “racato” (recato); usos de “v” por “f”, que sugieren una pronunciación labiodental: “beativicaciones”; segmentos epentéticos antihiáticos (especialmente en la conjugación de verbos con raíz acabada en vocal): “seya” (sea), “desseyo” (deseo), “recaien” (recaen), “havora” (ahora); y posible pronunciación geminada de la grafía /ch/ y del fonema /ts/ (“mutchos”, “mutcha”, “despatche”).

    En el nivel morfosintáctico también se registran fenómenos de interferencia del catalán, como el uso del pronombre “tú” como complemento de preposición (“yo me alegro mucho de tener cartas de mis Amigas y singularmente de tu”),41 dequeísmo (“Perdonaras sobrina mia de que no vaya esta escrita de mi propia mano”).42 También hay fenómenos léxicos como el empleo de “traer” en el sentido de “llevar” (“por el motivo de ser muy tarde, y ora de traer las cartas al correo”),43 o el de “pedir” en casos en el que el castellano normativo emplearía “preguntar”: “Margarita Dezclapés me ha embiado recado porque passasse á verla; y ha sido por pedir me, de Juana, si es de buena gente, si es de mala condicion, si enfermiza, si sirve bien”).44 Otro fenómeno interesante es la indistinción de “este” y “ese”: “Y assi el dia 12 del mes passado llegamos en esse [=«este»] Puerto en donde me mantengo con igual salud”).45

    En lo que respecta a los catalanismos registrados destaca la continuidad histórica de los mismos hasta el día de hoy, pues muchos de ellos son característicos de la variedad de castellano hablada en Mallorca en épocas más recientes.46

    Conclusión

    El análisis del epistolario de Cecilia Zaforteza, que hemos llevado a cabo en estas páginas nos ha servido para apreciar, en el contexto del proceso de castellanización lingüística de Mallorca que se da en el siglo XVIII, la extensión del empleo del castellano en la correspondencia privada de catalanohablantes mallorquines. Podemos concluir que en la segunda mitad de este siglo hay en Mallorca una comunidad bilingüe estable que emplea el castellano en su correspondencia privada, a pesar de tener la posibilidad de escribir en catalán. Esta opción lingüística se enmarca en un proceso generalizado de sustitución del catalán por el castellano para toda una serie de funciones, tanto del ámbito público como del privado, y un ambiente político y


    41 AEFZ, leg. 6, doc. 18, Carta de J. Maria Clariana y Montaner a Cecilia Zaforteza. Barcelona, 10 de [¿febrero?] de 1742.

    42 AEFZ, leg. 6, doc. 11, Carta de Antonio Dameto y Surede de Sant Martí a Cecilia Zaforteza, Madrid, 2 de mayo de 1741.

    43 Ibidem.

    44 AEFZ, leg. 6, doc. 159, Carta de Geronim Estrany a Cecilia Zaforteza, Palma de Mallorca, 1 de julio de 1780.

    45 AEFZ, leg. 6, doc. 70, Carta de Francisco Desbrull y Boyl a Cecilia Zaforteza. Malta, 10 de julio de 1759.

    46 F. de Borja Moll, “El castellano en Mallorca”, en Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso por sus amigos y discípulos con ocasión de su 60° Aniversario, Madrid, 1961, II, pp. 469-474.

  • cultural que favorece el empleo del castellano como lengua prestigiosa. Con todo, el uso del catalán continúa con apreciable vigor, especialmente entre las mujeres, y parece ser, en algunos escribientes, el vehículo preferido para expresar mayor proximidad e intimidad con el destinatario. Se aprecia también un relevo generacional, pues mientras los padres y hermanos de Cecilia Zaforteza siempre le escribían en catalán, prácticamente todos sus sobrinos varones lo hacen en castellano.

    En lo que respecta a la lengua reflejada en el epistolario, es posible apreciar varios rasgos del castellano de Mallorca que presentan una continuidad histórica hasta hoy, como el ensordecimiento de /d/ final, el dequeísmo o la distribución peculiar de «pedir» y “preguntar”, “traer” y “llevar”.

    En conclusión, esperamos que este trabajo haya servido para ilustrar la utilidad de un corpus epistolar para llegar a un conocimiento más profundo de la historia del contacto de lenguas en Mallorca en su contexto social.




Criterios de transcripción

Todas las cartas del epistolario se editan en una doble transcripción –literal y modernizada– consultable siempre simultáneamente con el facsímil de la carta original.

Transcripción literal

Generalidades

Se trata, para cualquiera de las lenguas presentes en el epistolario, de una transcripción paleográfica estrecha que reproduce con fidelidad total el uso gráfico del autor del texto aunque no se corresponda con la normas ortográficas actuales y aunque ello suponga transcribir errores evidentes. Hay dos motivos para este criterio: 1) una transcripción paleográfica de este tipo es un punto de partida más eficaz, ya que puede ser luego adaptado a múltiples usos, modernizando la ortografía, añadiendo acentos y puntuación, regularizando el uso de mayúsculas, etc. según el uso que se quiera dar a los textos o los destinatarios a los que vaya dirigido. Por el contrario, un texto modernizado supone haber suprimido ciertas características del uso lingüístico de su autor original que no son fácilmente recuperables. 2) una transcripción paleográfica preserva información lingüística relevante: por ejemplo, la separación de palabras arroja luz sobre unidades fonológicas  como la sílaba, o gramaticales como morfemas. Asimismo las grafías originales pueden denotar procesos dialectales o de transferencia de otras lenguas.


Ortografía

Se respeta el uso gráfico del original, incluso aquellas grafías que parezcan superfluas o sin valor fonológico: x, ss, ç, h, b, v, u, i/y, ph, th, etc. En los casos en que en el texto aparece «r» donde hoy usaríamos «rr» o «c» donde esperaríamos «ç» lo dejaremos como tal. Se conserva la acentuación o falta de la misma del original.


Igualmente se reflejan en todo pormenor paleográfico el uso de la mayúscula y la minúscula, y la puntuación, muchas veces arbitraria.


Se respetan los cultismos gráficos: columpna, comptar y también las simplificaciones fonéticas de los cultismos: dino, lición.


Separación de palabras

Se respetan todos los procesos morfofonémicos reflejados en la escritura, por ejemplo te visto que refleja ‘te he visto’ se transcribe como está en el original. Igualmente transcribimos: menbarque, lazotea, parenbiar, etc. (los casos en los que dos palabras se hayan escrito con el mismo trazo sin levantar la pluma no implica necesariamente que estén escritas juntas).


También se respetan las amalgamas o cualquier otra grafía que represente una pronunciación particular: decille (por ‘decirle’), escuro, colesio, vijitar, esamen.


Abreviaturas

Las abreviaturas se desarrollan empleando paréntesis angulares: sto se transcribe s<an>to, dho d<ic>ho, q. q<ue>, nros n<uest>ros. Si en una palabra falta texto que suele ir en abreviatura pero el escriba no ha puesto el diacrítico o la indicación que normalmente indica la abreviatura (por ejemplo propto sin indicación de abreviatura) lo transcribimos pro[<m>]pto donde se indica que la abreviatura no figura en el original y es añadido nuestro.


En el caso de abreviaturas usuales que indiquen tratamiento (D. Dr. V. M. Vd. etc.) se pueden dejar como vienen en el original.


Añadidos y enmiendas del editor

Si es evidente que falta algo en el texto –y no estamos ante una abreviatura– se suele restituir, pero sólo cuando estamos absolutamente seguros. Lo restituido se pone entre corchetes: pdre transcrito p[a]dre.


Si en el texto sobra algo por error (una sílaba o palabra repetida) utilizamos paréntesis con barra invertida para indicarlo (\...), pero sólo cuando estamos muy seguros, porque material aparentemente superfluo puede ser una particularidad morfológica o gráfica de la época. Así pues vinieron a la la casa se transcribe «vinieron a la (\la) casa». Se ha de tener en cuenta que el signo «\» en «(\...)» sirve para discriminar los paréntesis genuinos empleados como signo de puntuación. 


Añadidos y enmiendas en el original

En el caso de que encontremos letras, o palabras entre líneas o en el margen que han sido añadidas por el mismo escribano o un corrector posterior transcribiremos estas palabras entre corchetes «[ ]» con un circunflejo «^» en su interior (para diferenciar de los añadidos que incluimos nosotros mismos, que van simplemente entre corchetes «[ ]»), con una nota explicativa si fuera necesario. Ha de entenderse que empleamos este sistema para material añadido. Cuando el escribano ha continuado en un margen simplemente porque se le ha acabado el espacio al final del folio no consideramos que se trate de un añadido, sino que continuamos copiando el texto numerando las líneas de manera consecutiva.   

Señalamos la presencia de varias caligrafías con la indicación al principio de la carta: «(dos manos)», «(tres manos)», etc.   


Para reflejar texto tachado en el original lo reproduciremos entre «( )» con «^» en el interior para diferenciarlo del texto superfluo que suprimimos nosotros mismos al transcribir que se marca con «(\)». Retomando el ejemplo anterior vinieron a la la casa, se transcribe «vinieron a la (\la) casa» para suprimir el texto erróneo, pero si el segundo la ya aparecía tachado en el original transcribimos «vinieron a la (^la) casa».


Alternancia de lenguas

Cuando aparece texto en una lengua diferente de aquella en la cual está redactado el cuerpo principal del documento, el texto en cuestión se marcará con llaves «{}» que contengan al inicio las tres primeras letras del nombre castellano de la lengua en cuestión (LAT latín, CAT catalán, ITA, italiano, FRA francés, POR portugués, etc.). Por ejemplo: «entonces dijo {LAT ave maria gratia plena} mientras se santiguaba.» En html marcamos las distintas lenguas: <span id=”latin>capbqekbkb”</span> tanto en transcripción original como en la modernizada.


Foliación y número de línea

La transcripción literal se dispone a la izquierda del facsímil del documento correspondiente. Las líneas del documento original se reflejan con una numeración correlativa de principio a fin del texto, antepuesta a cada línea y en color gris. No reiniciamos, por tanto, la numeración en cada página del mismo documento.


Nota importante:

Siempre que tenemos dudas preferimos insertar una doble interrogación entre corchetes [??] junto a la lectura dudosa. Así podemos localizar los problemas fácilmente y corregirlos cuando tengamos la solución (empleamos corchetes porque se trata de un añadido nuestro, las interrogaciones no estaban en el texto). En caso de abreviaturas dudosas se puede transcribir mto m<[??]>to. Muchas de estas dudas se acaban disipando. Consideramos preferible actuar con prudencia y poner interrogantes en vez de ofrecer una lectura que pueda ser errónea.

Transcripción modernizada

Abreviaturas

a) Las abreviaturas se escriben en minúscula y se desarrollan siempre que se pueda. Por tanto, escribimos completas las palabras y tratamientos protocolarios como los siguientes (ponemos ejemplos en español y catalán):


señor o senyor, senyora o señora, mossèn, santo, número, reals reales, libras lliures, escuts, etcétera; il·lustre (il·lustríssim), honorable, magnífico, excel·lentíssim, etc.


Y también los números ordinales, los meses del año, los nombres de países, etc.:


Ej.: 1º (primer o primero), 2º (segon o segundo), 7bre (setiembre setembre), Alemanª (Alemania o Alemanya).


En cambio, no desarrollamos las abreviaturas de respeto:


dr. (doctor), d. (don), da. (doña/dona/donya), v. m. (vuestra merced / vossa mercè), v. s. (vuestra señoría / vossa senyoria), v. e. (vuestra excelencia / vossa excel·lència).


b) Los tratamientos o expresiones protocolarias en la firma o cabecera de las cartas los desarrollamos completamente:


Ex: Su mor. sdor. > su mayor servidor

q.s.m.b. > que sus manos besa

etc. 


c) En el caso en que aparezca en una carta en español o catalán texto en latín que contenga abreviaturas, se conservan:


Ej.: et al.


d) Siempre que sea posible se escriben los nombres propios completos con la ortografía actual. Si la carta está en español las abreviaturas se desarrollan en español y si está en catalán se desarrollan en catalán. 


Ej: Jº > Jerónimo, Gerº > Jerónimo,  Pº > Pedro, Antº > Antonio


Asimismo, Los nombres propios se regularizan según el uso actual: Safortesa > Zaforteza, Çavella > Zavellá, Marqués de los Veles > marqués de los Vélez.

Se informa de la variabilidad ortográfica y en el orden de los apellidos de los remitentes y destinatarios de las cartas por medio de una ventana flotante que aparece al pulsar sobre el nombre modernizado y regularizado en el cuerpo de la carta.



Mayúsculas y minúsculas

a) Todos los cargos y tratamientos protocolarios se transcriben en minúscula dentro del texto, en la firma, en la cabecera de las cartas y en las notas o fichas informativas.


Ej.: rey, rei, virrey, batle, procurador reial, governador, capità, inquisidor general, bisbe, arquebisbe, prevere, mossèn, doctor, su majestad, vicecanciller, capellán secretario


Ej.: magnífic i excelentíssim senyor governador, il·lustríssim senyor procurador reial, su majestad, capitán general, d. Pedro Santacilia, da. Cecilia Zaforteza, etc.


b) Todos los nombres propios (de persona, de lugar, nombres de embarcaciones, apodos, etc.), se escriben con mayúscula inicial.


Ej.: Nostre Senyor/ Nuestro Señor (cuando se refiere a Dios o a Cristo), el Cielo, etc.


c) Algún nombre de documento oficial concreto –cuando no es genérico– se transcribe en minúscula.


Ej.: El memorial (o real orden, informe, etc.) que recibí ayer…


d) En toponimia, el elemento genérico (golfo, cala, calle, plaza) se transcribe en minúscula y en mayúscula si pasa a nombre propio:


Ej.: la sierra de Tramuntana (pero: la Sierra)

plaza Mayor (pero calle de la Plaza Mayor)


e) El nombre de determinadas zonas se transcribe en minúscula:


Ej.: capilla, cámara de los pajes, secretaría del Consejo de Aragón, palacio de los Duques, castillo de San Carlos


En cambio, escribimos en mayúscula:


Casa de Campo, Consejo de Aragón, Real Audiencia, Universitat, Reial Patrimoni


f) Todos los cargos, nombres de oficios o de profesión se transcriben en minúscula:


Ej.: capità, procurador, governador, pagès, criat, capellà, prevere, escribano, notario, secretari, jurats o jurados (de la Universitat o Universidad), oïdors u oidores (de la Audiencia), etc.


g) San/Sant/Santo, Santa, se transcriben en mayúscula cuando va precedido de genérico + de:


Ej.: illa/isla, calle/carrer, plaza/plaça, montaña/muntanya, posesión/possessió, riera, torrente/torrent, convento/convent, iglesia/esglèsia, abadía/abadia, ermita, monasterio/monestir, santuario/santuari, capilla/capella, altar, portal, torre, castillo/castell, palacio/palau, puerto/port, etc.


castillo de SanCarlos, capella de Santa Anna, etc.


Puntuación

Igualmente, puntuamos el texto según las normas actuales de la RAE, intentando respetar el sentido correcto de la frase. No es necesario enfatizar que se trata de una tarea compleja por ser textos que en muchas ocasiones siguen pautas orales, pueden estar escritos descuidada o muy apresuradamente y, por tanto, aparecer plagados de anacolutos, elipsis, errores de coordinación, etc. Aunque siempre actuamos siguiendo un principio de mínima intervención y con la mayor cautela posible, se hace necesario en muchas ocasiones interpretar el texto según el contexto u otras informaciones complementarias de que podamos disponer. Hemos intentado que nuestras intervenciones sean en todo caso visibles utilizando corchetes para nuestros añadidos, enmiendas o comentarios.


La transcripción modernizada presenta el texto dividido en párrafos, sin señalar ni numerar las líneas del manuscrito original. Sí se señala la página correspondiente del manuscrito original mediante numeración consecutiva en gris.


Es importante subrayar que cualquier añadido por nuestra parte va siempre entre corchetes «[]». Si, por la causa que sea, hay una laguna en el texto original o un problema de lectura que no podemos resolver, lo marcamos en el mismo lugar del texto así: «[?]» Ocasionalmente, en el botón de «observaciones» presente en cada carta se comentan las dificultades que a nuestro juicio exigen una nota complementaria.


De aplicación específica a las distintas lenguas

Cada carta está definida en una lengua principal aunque presente varias en el texto (que van convenientemente marcadas, según hemos explicado).


Textos en español

Para los textos en español, como principio ortográfico general, nos atenemos a las normas de la última edición de la Ortografía de la lengua española (Madrid, 2010) de la Real Academia Española, combinadas con las indicaciones del Diccionario de la lengua española (DRAE) en la versión web permanentemente actualizada (http://www.rae.es/recursos/diccionarios/drae). Al no tratarse de textos literarios y entender que debemos facilitar la lectura a un público mayoritario, no especializado en las peculiaridades de la lengua de los siglos XVI, XVII y XVIII, llevamos a cabo una modernización y adaptación lo más completa posible al estado actual de la lengua española que permita al lector y al investigador hacer búsquedas cómodamente en el corpus sin necesidad de conocer las posibles variantes ortográficas.


Textos en catalán

Seguimos las normas ortográficas del Institut d’Estudis Catalans.


Por lo que respecta a los nombres de fincas o posesiones, escribimos Ca, Can (y Ca na), Cal y Son mayúscula y el/es, la/sa minúscula: Can Berga, Son Sant Joan.


Se suprime el punto volado en los textos en catalán en casos como:


no·s > no és, qu·està > que està, etc.

Santacilia

Lista de legajos

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