MARZO 10. – Empezaron solemnes rogativas por necesidad de lluvia; procesiones, cuarenta horas, aniversario general por las Ánimas, hasta el 26 de abril siguiente; poco días después llovió copiosamente. – Cl. Fl. – J. A.
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JUNIO 16. – A las 7 y media de la mañana 4 Religiosos Observantes y 4 hombres de baja estofa se presentaron en el Convento de Capuchinos, llamaron al P. Presidente, le obligaron a juntar la Comunidad y les notificaron un Breve Pontificio ordenándoles que, en el término de 15 días, deshiciesen el Convento, sumiendo el Santísimo Sacramento, y que dentro de otro término salieran de la isla. Ínterin tenía lugar esta intimación llgaron los Jurados precedidos de sus maceros, acompañados de la Nobleza de Mallorca, los Doctores de la Real Audiencia y todos los abogados de la Sala. A pesar de la presencia de la Autoridad judicial, sin la cual hubiera sido de temer algún grave desmán contra la vida de los Observantes, no pudo evitarse que a uno le arrancaran los bigotes y el cabello de la cabeza. Terminada la notificación, el Presidente, Fr. Miguel de Lecera, celebró misa y sumió el Sacramento para mostrar su puntual obediencia a la orden pontificia, y, sin querer esperar todo el término de 15 días, suplicó a los Jurados le facilitaran embarcación para marcharse en seguida con sus religiosos. Los Jurados contestaron que debían dar cuenta al G. y G. Consejo y se volvieron a la casas de la Ciudad acompañados de la Nobleza. La Audiencia, entretanto, temerosa de algún desacato contra los Observantes y sus testigos, les acompañó con muchos alguaciles a su Convento. – El 11 de julio el Obispo Cotoner, con dos Canónigos y tres abogados, pasó al Convento de San Francisco y se llevó todos los papeles y documentos referentes a las rentas de las Cofradías, no sin grandes protestas de los Religiosos, los cuales profirieron bastantes dicterios e insultos. – El 12 por la mañana, fijaron los Observantes unos papeles en las puertas de la Seo, Sta. Eulalia, San Francisco, y en el almez que había en la plaza, en que un Fr. Pons, notario apostólico (de cuyo oficio le había antes privado el Obispo), excomulgaba a los Capuchinos por no haber salido de la isla, siendo así que la Ciudad y el Virrey les habían impedido embarcarse; fueron arrancados dichos papeles por las primeras personas que los vieron, lo propio que otro que pusieron más tarde en San Francisco, a pesar de estar custodiado por los mismos frailes. – En 1° de agosto vino una Real Orden disponiendo que no se permitiese a los Observantes notificar Breve alguno de Roma, sin que antes se remitiese al Consejo de Aragón; que no se fuesen los Capuchinos de Mallorca, y una fuerte reprensión al Virrey por haber consentido que los Observantes practicasen tantos procedimientos. – En 1° de setiembre se secuestraron las rentas de las Cofradías de Ntra. Señora de los Ángeles y de la Concepción, del Convento de San Francisco, y el 9 se publicó un edicto episcopal mandando, pena de excomunión, que ningún censualista pagase a los frailes ni a los mayordomos de dichas cofradías, con apercibimiento de la misma excomunión y de volver a pagar. – Cl. Fl. – G. T.
AGOSTO 6. – A consecuencia de la suma esterilidad de este año, en que faltaron para el abasto ordinario de la isla más de 92.000 cuarteras de trigo que habían de costar 25.000 libras, y como la moneda de plata circulante en Mallorca no llegara a la 3ª parte de esta suma, en 12 de julio, resolvió el G. y G. Consejo la prohibición del uso de metales preciosos, perlas, galones, etc. y que se suplicase al Virrey expidiese los edictos correspondientes, y al Obispo para que lo hiciera también conminando con pena de excomunión al contraventor. – G. T:
JULIO 30. – Llegaron 5 galeras de Nápoles, 5 de Sicilia y dos de Cerdeña al mando del príncipe de ¿ … ? – Jn. Br.
– Con motivo de la sublevación de la isla de Sicilia escribió la Reina Gobernadora a varias partes de sus reinos impetrando auxilio para acudir en socorro de los leales de aquella isla: el Virrey, Conde de Fuenclara, se apresuró a organizar un convoy guarnecido de suficiente número de marineros mallorquines, abastecido con los víveres y municiones necesarias, el cual llegó a tiempo de ayudar a los españoles que tenían sitiada la famosa torre del Faro. – En esta misma guerra los corsarios mallorquines apresaron, no lejos del mar de Provenza, a 10 barcos franceses que intentaban llevar víveres a Mesina – D. Antonio Dameto y Rocabertí, al frente de los navíos, tripulados con 500 hombres y con patente de corso del Conde de Fuenclara, convoyó a otro Genovés que conducía al Final 500 soldados españoles, y a una saetía del Capitán Juan Robles, y, después de haberlos dejado, se dirigió a los mares de Cerdeña cuyas costas purgó de corsarios, especialmente berberiscos, apresando luego en los de Mesina diferentes barcos que llevaban provisiones a aquella ciudad. – G. T.