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1666

Álvaro Campaner y Fuertes, Cronicón Mayoricense. Año 1666

ENERO 2. – Exequias Reales por el alma de Felipe IV en San Francisco de Asís. – Cl. Fl.

– 24. – Exequias Reales en Santo Domingo. Gran túmulo sobre el cual figuraba una tumba y la estatua yacente del monarca con vestido y [425] sombrero de paño plateados, mangas bordadas de lo mismo y cinta blanca; encima del tablado dos hombres con capuces de bayeta negra, uno con la corona y el otro con el cetro: antes de empezar llevaron los religiosos estos hombres en procesión y recibieron arrodillados el cetro y la corona; asistió el Virrey, Jurados y algunos canónigos. – Cl. Fl.

FEBRERO 7. – En este día las celebró Montesión y en 14 San Martín. – Cl. Fl.

FEBRERO 10. – En la mañana de este día aparecieron dos bandidos (que se habían traído de Alcudia) ahorcados y colgados de las rejas de la cárcel. – Cl. Fl.

MAYO 5. – Llegó aviso de Alcudia de haberse divisado una escuadra francesa de 60 o 70 velas. Tuvo consejo el Virrey, en vista de la noticia, y se ordenó que saliesen para sus respectivos puestos los capitanes locales de las villas: fueron los caballos forzados a Alcudia, pero la armada no tocó en ningún punto de la isla; díjose que iba a unirse a la holandesa en persecución de los ingleses. – Cl. Fl.

JUNIO 22. – Llegó la escuadra francsesa sin los galeones que se habían ido en busca de los ingleses: el 23 se le dio plática; saludó con tres descargas de mosquetería, por la fiesta de San Juan y otra de artillería y se marchó a media noche. – Cl. Fl.

AGOSTO 4. – Había llegado a tal extremo estos años la osadía de los numerosos bandidos que infestaban la isla, que gran número de habitantes del campo tuvieron que refugiarse en la capital, si querían conservar su vida y su honra, y algo de sus bienes; tal fue el número de violaciones, asesinatos, robos violentos y toda suerte de atropellos y coacciones por ellos cometidos en los inermes campesinos y en las haciendas de su propiedad, o puestas a su cuidado a título de arrendamiento. En este tristísimo conflicto suplicaron los Jurados al Virrey D. Rodrigo de Borja que saliese a perseguirlos, como lo puso en ejecución, acompañado de dos de dichos representantes populares, tres oidores de la Audiencia y varios caballeros, a quienes destinó para servir el cargo de gobernadores de algunas villas. El Obispo, a fin de coadyuvar al intento de la autoridad civil, concedió facultad de sacar de las Iglesias a los bandoleros que a ellas se acogiesen por derecho del asilo, señalando el castillo de Bellver para que a él se llevaran los asilados. Fueron capturados y muertos muchos y se remitieron a los presidios hasta 130 de ellos, quedando los caminos y la tierra en general más tranquila y segura de lo que hasta entonces habían estado. – Aunque no se pudo saber nunca el número de forajidos que vagaban por la isla, hubo quien lo calculó en más de mil, antes de la persescución de D. Rodrigo de Borja. (1) – Cl. Fl.

 

(1) Véase en los Apéndices a este siglo el curioso relato de la expedición del Virrey en busca de los bandoleros que infestaban la isla, y que no habían dejado de vagar por ella, cometiendo toda suerte de atrocidades, a pesar de las paces definitivamente entabladas algún tiempo antes entre los bandos de Canamunt y Canavall.


Información relativa a don Pedro de Santacilia y Pax.

1666


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