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1652

Álvaro Campaner y Fuertes, Cronicón Mayoricense. Año 1652

ENERO. – Llegaron 7 galeones en que iban el Duque de Alburquerque, el Marqués del Viso y el General de la Religion Seráfica. El Duque con su familia y el General se hospedaron en el Convento de San Francisco; el Marqués con su esposa, en el Real Castillo. – G. T.

FEBRERO. – Llegó a la torre picada de la villa de Sóller una barca con tres hombres y telas de Cataluña, los cuales trajeron a la isla el contagio que reinaba en la Península. Empezaron las defunciones en la misma torre, y de allí se extendió la peste a Sóller, la ciudad, Alaró, Inca, Petra, Sineu, Sta. Margarita, La Puebla, Buñola, Selva, Campanet, Valldemosa, Andratx y Llucmajor; estuvo en su apogeo en los meses de julio, agosto y setiembre, durante los cuales hubo días de ocurrir doscientas defunciones en la ciudad y otras tantas en Inca, no faltando uno de seiscientos muertos solo en la capital. Destináronse a lazaretos en esta época varios edificios del Rafal de Son Hugo, el del Sacristán Zaforteza, las casas del Arcediano del mismo apellido, las del Rafal Son Pardo, el fuerte del Camp Pelat, donde se construyeron muchos cobertizos, el convento de Itria y el de Jesús. La comunicación entre la ciudad y los pueblos se interrumpió; estableciose una raya o cordón en el Coll den Rebassa, adonde llevaban los pueblos ciertos días lo que tenían de mantenimientos. Empezó a declinar la epidemia en el mes de octubre y en diciembre ya se abrieron las puertas y el tráfico con el interior de la isla. Duró en la ciudad menos que en Sóller, que sufrió la peste cerca de un año; en Inca fue corto el sacudimiento, pero muy rudo. Fallecieron en la capital 15.424 personas y se curaron 4.060; las defunciones de los pueblos llegaron en junto a 4.980. Costó esta tristísima calamidad en la ciudad la suma de 196.560 libras 1 sueldo y 10 dineros; en los pueblos 179.316 libras 19 sueldos 1 dinero. Habilitose un cementerio extramuros, detrás del Convento de Jesús, para enterrar a los apestados, y se colocó encima de su puerta la sencilla inscripción siguiente:

Sementeri ahont se han enterrat personas qui han mort feridas del Contagi que ha patit este Regne en lo any 1652 y 1653 essent Jurats los Magnifichs Señors Don Domingo Sureda, Juan Font y Antoni Socias y Mayol Esteva Girart, y morts del dit contagi los Magnifichs Señors Juan Antoni Dureta y Sebastiá Cañellas Jurats dits añy 1652 y 1653.

1653

Destinose además otro para los eclesiásticos víctimas de la peste, junto a la Iglesia de San Magín, extra-muros, y sobre su puerta se colocó la siguiente leyenda:

Sementeri dels Eclesiástichs qui moriren del contagi en lo añy 1652.

Distinguiose por su celo apostólico y por su caridad, el Obispo Rocamora, quien día y noche recorría la ciudad y lazaretos acompañado únicamente de su pajes, consolando a los enfermos y repartiendo cuantiosas limosnas; secundaron sus generosos esfuerzos los individuos del clero regular y secular, y fallecieron algunos, víctimas de su celo en el cumplimiento de aquel caritativo deber. – Igual esmero distinguió a los Jurados, los cuales merecieron que S. M. les diese las gracias por su comportamiento. Cantose el Tedeum en la Seo el día 6 de octubre, oficiando de Pontifical el Obispo [411] Rocamora, pero hubo casos hasta el mes de febrero de 1653, habiendo ocurrido en la ciudad el primero, en 5 de marzo de 1652. – C. F. – G. T.

 

– Prosiguió este año el litígio entre ambos estados eclesiástico y secular acerca de la exención de tributos alegada por el primero. Oyó el Rey las minuciosas alegaciones de los Síndicos de cada una de las partes litigantes y, por Real Orden de 27 de junio, declaró que los bienes de Realengo poeseídos por los eclesiásticos, estaban sujetos a la Real Jurisdicción y a las cargas reales y vecinales legítimamente impuestas o que se impusieren sobre ellos, y que en cuanto a las contribuciones sobre el vino, aceite, etcétera, quedaba a salvo a la Ciudad su derecho para perseguir ante Juez competente a quien correspondiere. Entendiose esta superior resolución por cada parte, como fallo a favor de sus respectivas pretensiones. Pidieron los Síndicos de la Universidad aclaración de los conceptos dudosos del Real mandato, y si bien el Consejo se negó a darla, dispuso la redacción de unas instrucciones, que en 2 de octubre, se remitieron a la Real Audiencia de Mallorca para la expedita ejecución de lo ordenado. – En 8., por acuerdo del G. y G. Consejo, y para pagar gastos de los ocurridos en el contagio, se repartió una talla de 30.000 libras sobre todos los bienes de Realengo. – G. T.


Información relativa a don Pedro de Santacilia y Pax.  

El rey pide expresamente la presencia de Pedro de Santacilia en el asedio y bloqueo naval de Barcelona. Solicita el 27 de enero que se prorroguen «las embarcaciones todo el tiempo que durase el sitio, que se hiciese una leva y que se enviase a Mallorca el dinero solicitado. Felipe IV hizo merced a las embarcaciones que colaborasen en el asedio de cuantas presas capturasen aunque sea estando juntas con sus navíos y galeras […]. También pidió el rey en agosto que acudiese al asedio el caballero Pere de Santacilia: ‘En el tiempo de mi gobierno, como luego que entré en él se empeçó el sitio de Barcelona, no he querido dar estas licencias de corso por tener todas las embarcaciones y marineros ocupados en el socorro de la armada y ejército, así en las saetías y embarcaciones que han asistido, como en las levas que he hecho de marineros y artilleros’ (Carta del virrey de Mallorca, el conde de Montoro, al rey, 6 de agosto de 1652)» (J. Juan Vidal, Felipe IV y Mallorca. Los servidores del rey, Palma, 2014, 103, n. 444).

1652


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