FEBRERO 20. – Empezaron solemnísimas funciones de rogativas por necesidad de lluvia, que duraron todo el mes de marzo, hasta el 11 de abril en que se cantó el Tedeum. En este intermedio (en 12 de marzo) fue la Cofradía de San Jorge al convento de Jesús, haciendo el Via Crucis en union con los religiosos de San Francisco. Salió la procesión de San Francisco por la cale llamada de D. San Juan (sic), Platería, calle de San Miguel a la Puerta Pintada. En la 1ª estación del Via Crucis salió el Padre Fr. Costa de un huerto que fue del Canónigo Garau, y notificó a son de trompeta la sentencia al sujeto que representaba a Jesús, acompañado de los dos ladrones; en la 2ª le pusieron la cruz a cuestas, y así en las otras sucesivas. Llegados al monasterio de Jesús, se hizo la estación clamando todos después «Senyor, ver Déu, misericòrdia.» Todos los caballeros iban vestidos de tela cruda, con ceñidor de esparto; unos calzaban alpargatas, otros iban descalzos; las vexillas, linternas y una cruz de madera, eran llevadas por caballeros; entre estos formaban los religiosos con corona de espinas, soga al cuello, unos con cadenas y calavera en las manos, otros con una cruz y un cirio encendido; todos iban con la cabeza y cara cubiertos de ceniza; marchaba detrás el P. Guardián con capa, y asistentes: concurrieron a la procesión el Obispo, Virrey, Jurados y Magistrado. – El día 8 de marzo lloviznó, el 20 y 22 llovió en abundancia por toda la isla. – J. F.
MAYO 6. – Empezaron fiestas por haberse recibido de Roma el Rótulo de la beatificación del hermano Alonso Rodríguez de la Compañía de Jesús. El sepulturero de la Catedral dio un bando por las calles, a son de trompetas y tambores, anunciando para el día siguiente la publicación de dicho Rótulo. Colocose en la Seo, desde el púlpito donde se predica hasta el de piedra, un tablado con dos sillas, una mesa-bufete y dosel; sentáronse en ellas el Obispo y arcediano Rafael Munar, a quien iba dirigido el Rótulo; los canónigos, con manteo, lo hicieron en sus bancos. Concurrieron las autoridades, yendo a la Iglesia en coches precedidos de los tambores y pífano a pie, las trompetas y alguaciles-maceros de los Jurados y del Virrey, a caballo. En el coche del Virrey iba este; a la derecha el P. Marimón, Rector de Montesión, con el Rótulo en una bandeja; delante de él el Jurado En Cap; delante del Virrey el Regente, el Jurador mayor de ciudadanos en la proa, y el Baile en la popa del coche; detrás del Virrey, los otros Jurados y muchos caballeros en varios carruajes más. Llegados a la Seo, depositó el Rector el Rótulo sobre la mesa-bufete; cantose un villancico a dos coros; predicó un Padre en latín las alabanzas del Bto. Alonso; entregó el Rector al Obispo el Rótulo, haciéndole una arenga en aquella lengua; leyose dicho Rótulo por un Notario; cantose otro villancico; entregaron a S. Ilma. un catáolgo de los milagros del Beato; hizo otro Padre otro breve sermón en latin y castellano y por la noche hubo repique, luminarias, y cohetes en Montesión y Sta. Eulalia. – J. F.
SETIEMBRE 20. – Empezaron rogativas por necesidad de lluvias. – J. F.
OCTUBRE 27. – Llegaron de Argel, de arribada por el mal tiempo, y fondearon en Portopí, doce saetías que llevaban la redención de los Religiosos Mercedarios de Portugal: desembarcaron en el muelle, y el 3 de noviembre fueron en procesión general el clero secular y el regular a S. Francisco de Paula, en donde se encontraban los cautivos, y los acompañaron a la Seo: allí sentados en el banco de arriba, junto al púlpito, oyeron la misa mayor, a la que asistió el Virrey Agustín, dos Jurados etc. Acabada la misa se llevaron los Mercedarios a su convento a los 128 cautivos: entre ellos figuraban un religioso Mínimo, dos de la Merced y uno Franciscano; un Rector de Canarias, 16 mujeres, dos de las cuales llevaban niños de pecho [382] en brazos, y una Señora que se dijo ser esposa del Gobernador de Canarias. – J. F.
– En este año se reprodujo por un arbitrista desconocido el proyecto de sustituir la redención de cautivos, otorgada a los Mercedarios en virtud de concesiones de los Pontífices, que no podían verificarlas, cambiando el sistema de limosnas a la Redención, por el sostenimiento de bajeles para la defensa de las costas: sería ello una redención anticipada y redundaría en beneficio y utilidad pública, puesto que no saldrían del país unos capitales que venía a dar España a los argelinos para facilitar el corso y nuevos cautiverios. Parece que en tiempo de los Reyes Católicos se habia suscitado esta cuestión, y acudió contra el arbitrio propuesto el mallorquín P. M. Fr. Pedro Sitjar, el cual escribió un Epítome de redimir cautivos y defendió a la Orden de la Merced, sirviendo lo que entonces escribió para contestar a los nuevos arbitristas de 1627. – G. T.
Don Pedro de Santacilia es condenado a muerte por el asesinato de Pere Antoni Zaforteza, familiar del Santo Oficio. Mientras se encuentra refugiado en Barcelona, Felipe IV ordena al virrey de Cataluña que le detenga. Es apresado en noviembre por un alguacil del Santo Oficio enviado desde Castilla con esta misión (cf. Jeroni Pujades, DIetari, Barcelona, 1975, 72-73). La Generalitat catalana eleva su protesta por esta acción de la Inquisición castellana fuera de su jurisdicción. Don Pedro se traslada a Mallorca.