info

1623

Álvaro Campaner y Fuertes, Cronicón Mayoricense. Año 1623

ENERO 11. – Empezaron las procesiones de rogativa implorando el acierto en la elección de Obispo; el 14 tuvo lugar una general, que siguió el curso de la del Ángel; celebráronlas luego los Dominicos, Franciscanos, Trinitarios, Mercedarios y los religiosos de la Soledad. – J. F.

ABRIL 18. – Tercera fiesta de Pascua; comenzaron las rogativas por la salud pública y necesidad de lluvia; procesiones generales de las cuales no pudo celebrarse la del 7 de Mayo, por haber llovido mucho en toda la isla; cantose en su lugar un Tedeum, pero volvieron a empezar las plegarias en 21 de dicho mes de mayo. – J. F.

MAYO 18. – Tempestad y aguacero que duró unas dos horas; crecieron mucho los torrentes; en la Catedral hubo necesidad de abrir algunas sepulturas para dar salida a la gran cantidad de agua que salía del Capítulo y llegaba ya a la capilla del Corpus Christi; subiose la Veracruz al campanario y se tocaron las campanas. – J. F.

– 31. – Entraron cuatro galeras de Barcelona y saludaron con 4 disparos, contestándoles con 3 el baluarte del muelle. Venía en ellas Misser Albanell, juez de la Real Audiencia y Misser Gori, catalán, juez de Corts de la misma, quienes habían desembarcado en Capdepera, por no poder hacerlo en Sóller ni en Alcudia. Marcháronse las galeras en 9 de junio: mandábalas D. Francisco Sabater, del hábito de S. Juan. – J. F.

JUNIO 6. – Alarde o Revista general militar («Mostre y resenya general») – El Virrey D. Jerónimo Agustín, Maestre del Campo, Lugarteniente y Capitán General de este Reino, recibió carta de S. M. en que le participaba que algunos rebeldes irlandeses preparaban cierto número de naves de guerra, las cuales se susurraba que debían unirse a otras corsarias, tripuladas por moriscos expulsados de España, y que habían cargado infantería, pertrechos y municiones de guerra; como se ignoraban sus designios, dispuso el Rey que todas las comarcas marítimas y fronteras de sus reinos, especialmente esta isla y sus adyacentes, estuviesen avisadas y prevenidas de lo necesario, por si el enemigo se acercara a ellas. Reunió el Virrey Consejo de Guerra; dispuso la publicación de los Reales Edictos y ordenó la celebración simultánea en la ciudad y los pueblos de una revista y muestra general de todas las milicias, así de a pie como de a caballo, voluntarios y forzados. Opusiéronse un tanto los Jurados a esta determinación por no creerla conveniente, pero atendido el Real aviso y la voluntad del Virrey, condescendieron con su ejecución. – Dicho día 6, después de comer, repartiéronse por los baluartes de toda la muralla las compañías de esta ciudad y su término, con sus respectivos capitanes, y las dos de los doscientos muy completas y ordenadas. Las de caballería voluntaria de la ciudad y su término, cuyo coronel era D. Albertino Dameto, del hábito de Santiago, armadas de lanzas, escuadronadas, cada una con su estandarte y trompeta, lo propio que los caballos forzados, se reunieron en la plaza del Borne; repartiéronse otras en las plazas más principales, esto es, la Nueva, la del Temple, las del Mercado, Cármen y Lonja, con sus cuerpos de guardia en las puertas de la ciudad, artilleros, ayudantes de artilleros y tropas de arcabucería. – Convidó el Virrey a los Jurados para presenciar aquel espectáculo y concurrieron con el Mostasaf, Cónsules, y otros oficiales Universales, yendo a palacio donde ya encontraron al Baile, Veguer, Lugarteniente de Procurador real, varios capitanes, Sargento mayor y otras personas notables; bajaron todos a la plaza de palacio donde les esperaban algunos coches y carrozas; subió a la suya el Virrey con los Jurados Militar y Ciudadano mayor, Baile y Lugarteniente de Procurador Real, por no caber más; repartiéronse los otros en las restantes, junto a la última de las cuales iba el guión de S. Sria. con guardia de algunos capitanes y otras personas, y así marcharon para rondar la ciudad y visitar los lugares en que estaban repartidas las compañías. – Empezose la revista por el bastión de Berard, donde se apearon todos, y montando de nuevo en los carruajes, continuaron por los baluartes de los Capellanes, de S. Antonio, de Zanoguera, Puerta Pintada, Socorro y Vilaragut: en todos estaban las compañías formadas en escuadrón y hacían salva de arcabucería al pasar el Virrey con su acompañamiento. Hecha la reseña de toda la gente, armas y municiones, diose orden a cada capitán de no moverse de su puesto, y de que, si al toque de Ave Maria no la tenían en contrario, se retiraran a sus casas. – De la Puerta Pintada marchó la comitiva a pie y guardando la forma de tabla, por la calle de los Olmos abajo, hasta delante de la de Jesús, y dentro del cuadro de la Plegadissa se hallaba formado un escuadrón, una compañía [378] de infantería y otra junto a la pared del Monasterio de la Magdalena, las cuales, durante el paso del acompañamiento, hicieron una famosa descarga de arcabuces y mosquetes. – Al pie de la Cuesta del Hospital, sentose el Virrey a descansar en sillas que se trajeron al efecto, con los Jurados, Oficiales Reales y Universales, por su orden de precedencia, y con algunos capitanes y caballeros ancianos; detrás de los asientos se colocó gran concurrencia popular y en sus carrozas la Virreina y algunas damas de Palacio que fueron a ver la fiesta. El Regente y Doctores del Real Consejo llegaron entonces y se sentaron junto a la puerta de Jesús, de espaldas a la pared de la muralla. Después de haber refrescado S. Sría. con su comitiva, a causa del mucho calor que se sentía, dio orden al Sargento mayor de que llamara a don Albertino Dameto, con todas las compañías de a caballo que estaban escuadronadas en la plaza del Borne; fueron por el Pla del Carme; pasaron por delante de S. S. y Magistrado, muy bien ordenadas y aderezadas con sus galas y plumas, yendo delante el citado D. Albertino Dameto, coronel de toda la caballería, acompañado de trece caballos suyos con lanzas, trompeta y estandarte; seguíanle, cada uno con sus compañías, clarín y estandarte respectivos, Jerónimo Salas, Jaime Anglada, N. Togores, armado de punta en blanco, Francisco Sureda y Vivot, y después el capitán de caballos forzados, contestándose entre todos 345 caballos. Salieron por la puerta de Jesús; dieron la vuelta; entraron por la Pintada; bajaron por la calle de los Olmos y, pasando otra vez por delante del Virrey, dirigiéronse por la de S. Jaime al muelle donde llegaron casi al oscurecer. – Pasada la caballería, despidiose el Lugarteniente de los Jurados; montó a caballo y con el Sargento mayor, su guión, otros capitanes entretenidos y personas notables, fue a recorrer las murallas y reconoció los bastiones de las Parelladas, Sitjar, Moranta, Sta. Catalina y demás fronteros al mar, donde se le hizo salva como en los otros. Entretanto los Jurados con el Baile, Veguer y otros Oficiales Reales y Universales, fueron en sus coches por la calle de S. Jaime, Borne y muelle donde volvieron a ver la caballería. – Hallábanse en el muelle dos galeras de Barcelona, cuyos capitanes se holgaron de presenciar tan solemne muestra, a pesar de haber visto otro torneo de a pie con lindísimas invenciones, que había celebrado la Cofradía de S. Jorge, patrón de la caballería mallorquina: quedaron satisfechos los catalanes, el pueblo y particularmente el Virrey, quien dijo en tal ocasión que, con la mitad de aquella gente de a pie y a caballo, le bastaba el ánimo para conquistar toda Berbería. Acompañáronle a su casa dos caballos forzados y voluntarios, y luego al coronel a la suya que estaba en el Borne. – Igual muestra y revista general de la gente de a pie y de a caballo dispuso S. Sria. que se efectuara por los capitanes de las parroquias y villas de la parte foránea o rural de la isla. – J. F. (1)

JULIO 23. – A consecuencia de una reyerta entre los carniceros Juan Carrió y Gabriel Bastard, familiar del Santo Oficio, mandó el Inquisidor al Licenciado Pedro Díez de Cienfuegos que prendiera a Bastard, y al Alguacil D. Sebastian Garcés que detuviera a Carrió, a quien dijo que tenía arresto en su casa por orden del Virrey: en la noche del mismo día mandó el Virrey a los alguaciles Ferrando y Ballester que capturaran a D. Sebastián Garcés, alguacil mayor de la Inquisicion: prendiéronle, maltratáronle, y arrastrando lo introdujeron en casa del mercader Miguel Domenge, hasta nueva orden del Virrey: llegaron luego sucesivamente el alguacil Brotat con muchos comisarios y el Sargento Mayor Juan Antonio Rossinyol con mucha gente armada de arcabcues y alabardas y a pesar de la intimación que les hizo el Secretario Juan de Igualeta de que dejaran libre la persona de Garcés so pena de excomunión y de multa de quinientos ducados, se le llevaron con gran tropel de gente y hachas encendidas a la prisión Real, donde se le colocó apartado. Al día siguiente, en la misa mayor de la Seo, se publicó la excomunión de Juan Antonio Rossinyol, Ferrando, Ballester y Brotat, y se hizo otro tanto en Sta. Eulallia. A cosa de las 10 de la mañana de este día fueron al Real Palacio el Secretario Damián García, Juan Fée, y Jaime Viquet presbíteros y honestas personas del Sto. Oficio, para notificar un mandato a dicho Sr. Virrey, y cerca del mediodía, después del salido del Consejo, hecha la debida cortesía, se le leyó el mandato que decía así: «Por el tenor de las presentes mandamos a D. Jerónimo Agustín, Virrey deste reino y al Dor. tal Graciá, Regente de la Real Audiencia, pena de excomunión mayor latae sentenciae, y de dos mil ducados cada uno, den la [379] persona de D. Sebastián Garcés, alguacil mayor del Sto. Oficio, dentro el término de tres horas.» Enfureciose el Virrey, tomó el papel de las manos del secretario García, apostofándole de descortés, desvergonzado y mal educado, y arrojándolo al suelo con desprecio, mandó cerrar todas las puertas y encerrarles dentro de un cuarto, del cual fueron extraídos a súplicas del Veguer D. Jorge Sureda, ya muy tarde, por cuya razon les invitó el Virrey por tres veces a que se quedasen a comer con él, invitación que rehusaron los excarcelados, dándole las gracias y retirándose a participar al Inquisidor lo ocurrido. En 27, a las 9 de la mañana, fijáronse de orden del Inquisidor, dos papeles, uno en la escalera del Virrey y otro en la del Regente, y, al oscurecer, fueron excomulgados en la Seo y Sta. Eulalia el Virrey y Regente, lo que se repitió el 28 en todas las demás Parroquias, Monasterios y Conventos: a las 5 de la tarde del propio día 28, mandó el Inquisidor a Juan Fée, Jaime Viquet y Jaime Frígola que pusiesen 5 papeles, uno en la puerta de Juan Alcover, procurador fiscal, otro en la del Dor. Gori, juez de Corts, Virrey y Regente, y al fijar el del Regente, el Virrey que se hallaba asomado a la ventana que mira al patio, ordenó, con grandes gritos, cerrar las puertas del palacio y llamó a Fée y a sus compañeros, quienes, al subir la escalera, se encontraron con el Virrey que bajaba: mandó a Fée que leyese el papel y lo hiciese con cortesía, a lo que contestó «Ilmo. Sr. no tengo tal orden»; prevínole que arrancase el que había fijado y recibió igual respuesta, en cuyo acto dispuso que se trajera una barca del muelle a la puerta falsa del huerto del Castillo, junto al mar, y les aprisionó en un aposento que da a dicho huerto, con dos alguaciles de guardia, menos a Jaime Frígola a quien encerró con grilos, cadenas y guardas de vista en la torre del Ángel. Después de hora y media fue Bautista Cardell, notario del Criminal, y se llevó a Fée y Viquet a su escribanía donde estaban el Regente y el Dor. Gori, los cuales, con gran preámbulo, les dijeron que el Virrey no los desterraría y que, en lo sucesivo, no fijasen mas papelotes en un edificio Real y se fuesen en buen hora, a lo que repusieron, que no se irían sin Jaime Frígola, a quien se puso en libertad, yéndose los tres juntos a dar cuenta al Inquisidor. Por la tarde Fée y Viquet fueron a llevar otro papel al abogado fiscal Dor. Faviller, el cual los recibió con mucha cortesía, contestándoles que apelaba de todo. En 29 por la tarde excarcelaron a D. Sebastián Garcés, por concierto que había mediado, y el Inquisidor comisionó a un religioso recoleto, llamado el P. Planas, para absolver de la excomunión al Virrey, regente y demás, por cuatro meses, con reincidencia, y se extrajo de la cárcel al carnicero Carrió, hasta que llegase de la Corte la resolución del asunto. – J. F.

OCTUBRE 7. – Gran tempestad y lluvia casi todo el día; la Riera engrosó de suerte que estuvo para sobrepujar por encima de la pared nueva inmediata a los Tintes. En el Cap Enderrocat se perdió una barca con 7 personas que habían ido a pescar, entre ellas el Dor. Zamora, presbítero. – J. F.

DICIEMBRE 5. – Falleció de un ataque apoplético el Obispo D. Simón Bauzá: hiciéronsele por el clero de las parroquias y conventos las exequias de costumbre y se le enterró en una urna de piedra de Santanyí, en la bóveda de su convento; fue prelado de vida ejemplar y gobernó esta Diócesis 16 años. – J. F. – G. T.


Información relativa a don Pedro de Santacilia y Pax.

1623


No hay información adicional.









Cerrar


Ver este año en la Wikipedia